Yo vengo a ofrecer mi poema es una antología de resistencia
bajo la selección & curaduría de Fredy Yezzed, Stefhany Rojas
Wagner y Eduardo Bechara Navratilova.
Esta apuesta editorial convoca a más de trescientos poetas venidos
de diferentes latitudes, para desnudar la vertebra de una época
arrastrada por la violencia, la pobreza, la desigualdad y la
injsuticia social, pero también para dar cuenta de hombres y mujeres
llenos de dignidad y esperanza.
Esta antología sirve tanto a propósitos académicos, de reflexión sobre nuestra época, como a fines de disfrute estético.
“Yo vengo a ofrecer mi poema”: poesía para la unión de América Latina por Andrés Osorio Guillott
Luego
de las protestas en Chile y Colombia en 2019, Eduardo Bechara, Fredy
Yezzed y Stephany Rojas crearon la antología “Yo vengo a ofrecer mi
poema”, que surgió en medio de la crisis en la región. “Es
un libro en contra de las dictaduras, así sean de izquierdas o
derechas. Es una obra libertaria que quiere mejores territorios, un
mejor universo para todos. Es un grito contra las clases dirigentes para
que reaccionen. También es un canto a la vida, para poder aspirar a
mejores territorios, a lugares donde no haya corrupción, donde seamos
tolerantes unos con otros”, dijo Eduardo Bechara, que junto a Fredy
Yezzed y Stephany Wegner construyeron la antología Yo vengo a ofrecer mi
poema, en el que no necesariamente las 600 páginas tienen versos
asociados a la protesta social, sino que son versos que hablan también
del amor, la naturaleza, el miedo, la migración, la violencia y tantos
otros temas infinitos que afrontan las sociedades del mundo, pues los
autores que hacen parte del texto no son solo de América Latina, pues
también hay de África y Estados Unidos.
Hay
voces ya reconocidas y otras nuevas, hay espacios para los poetas
indígenas, para los poetas colombianos, chilenos, argentinos, haitianos,
cubanos, estadounidenses y africanos. Es un libro pensado de todos y
para todos. Su nombre, inspirado en la canción Yo vengo a ofrecer mi corazón,
de Fito Páez, muestra el lugar desde el que se pensó, la sencillez, con
una intencionalidad que busca reivindicar la dignidad de la humanidad
tras varias décadas en las que parece que los principios que conducen a
pensar en que la vida es sagrada se fueron extraviando en los eslabones
del tiempo y en los afanes que tergiversaron aquello que es fundamental y
terminó volcando y situando primero el interés individual antes que el
cuidado colectivo.
Son
las voces de 147 poetas de varias partes del mundo, como Álvaro
Miranda, Alexis Forero, Antonieta Villamil, Fredy Chicangana, Fernando Urbina, Rómulo
Bustos, Stella Higuera, Pablo Montoya, Luz Mary
Giraldo, John Galán Casanova, Eduardo Bechara, Fredy Yezzed, Stephany
Rojas, Juan Felipe Robledo, Santiago Espinosa, Liz Candelo y Ashanti
Dinah Orozco (Colombia); Alejandra Pérez (México), Lubi Prates (Brasil);
Raúl Zurita, Elvira Hernández y Carmen Berenguer (Chile); Yolanda
Pantin (Venezuela), Susana Cabuchi, Daniel Quintero y Carlos Aprea
(Argentina); Ana Gandini (Uruguay), Jean Jacques Pierre-Paul (Haití),
Margaret Randall (Estados Unidos), Gabriel Mwènè Okoundji (Congo), entre otras.
“Algo
que hace la poesía es mostrarnos que existen otros mundos donde existe
el maltrato y no existen condiciones plenas y dignas para la vida de las
personas. Al mostrar el testimonio y que se puede crear una ruptura, se
puede formar una nueva forma de conciencia y de sociedad”, dijo
Stephany Rojas.
Los
tres antologadores concuerdan en que era difícil crear este libro, pues
a priori se podría creer que los poemas escritos o enviados en medio de
las protestas sociales, de la indignación por la violencia policial que
dejó a decenas de estudiantes sin ojos en Chile, o de casos como el de
Dilan Cruz en Colombia, serían netamente panfletarios, aumentando así la
llama de la violencia y el odio que muchas veces consumen las
manifestaciones. No obstante, los versos incluidos en el libro no hacen
un llamado a la rebeldía, o por lo menos una rebeldía entendida como un
acto alzado en armas, sino a un despertar que recuerde a los
desaparecidos, asesinados, líderes sociales, pueblos originarios y
poblaciones afros, y que en honor o en memoria a ellos se piense, pese a
la lejanía de estas tristemente llamadas utopías y no realidades, que
con los versos que se leyeron mientras las aturdidoras estallaban a un
par de cuadras, o mientras las clases dirigentes ignoraban el grito que
venía de años atrás, ahora incluidos en esta obra, se puede crear un
nuevo sentimiento de unión y dignidad por la vida sin importar las
banderas enarboladas.
En
palabras de Fredy Yezzed, “toda marcha pública arranca con un fervor
colectivo. Asistimos todos a esa manifestación, pero toda manifestación
llama a otras voces, las avisa, las despierta, las llama para que firmen
y aporten a la movilización. La poeta norteamericana Carolyn Forché
define muy bien la poesía testimonial, que tiene que ver con la
vivencia, con una experiencia, mientras que lo político te vende, te
mete por la boca una forma de pensar. Y creemos que todo lo que hay aquí
es poesía testimonial al dar una versión de una época. Y el mensaje del
libro es que tenemos que descubrir al otro. Es una antología de
inclusión, de diálogo fraternal. Nos han educado frente al odio y este
libro deja sentado un inconformismo desde la palabra”.
No
son versos que hablan de la protesta, son versos que hablan sobre la
vida, que llegaron eso sí en un contexto de manifestaciones sociales,
pero que no necesariamente se quedan en ellas, sino que trascienden a la
preocupación subterránea en todos aquellos que salieron colectivamente a
exigir a sus gobiernos, y que no es otra diferente al respeto y cuidado
de la vida. Y para que así se entienda, un fragmento del poema “Siete
abismos sueltos y un hombre caminando (llámame extranjero)”, del autor
haitiano Jean Jacques Pierre-Paul: “Todos los días me borro
accidentalmente / y me reemplazo por una utopía nueva / la vida
consistiría en caminar / pisar un abismo y seguir caminando. / Quiero
ser el epicentro de todos los amores posibles, / quiero que todos los
horizontes / pasen por la línea de mi vida / caminar y amar, he aquí la
meta suprema. / Todos los días me despierto / con la misma necesidad de
amar”.