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CASI EN LA ZOZOBRA DE LO INDECIBLE
(Fragmento del prefacio al libro Mujeres mirando al sur: 
Antología de poetas sudamericanas en USA) 

edición y notas de Zulema Moret

Partiendo del concepto de Benedict Anderson, para quien la Nación es además
de una entidad política soberana, una comunidad imaginaria, la antología de cuyo prefacio extraemos estas páginas presenta una “comunidad poética imaginaria”. Diecisiete poetas sudamericanas que escriben en castellano pero radican en los Estados Unidos participan de este esfuerzo. Cada una construye, con las palabras sugeridas por Zulema Moret, una auto/entrevista creativa al comienzo de su capítulo. Además del fragmento del esclarecedor prefacio de la antologadora, se publican a continuación tres de los poemas del libro. Se incluyen las traducciones al inglés, que no se encuentran en el volumen original. El libro fue publicado recientemente por la editorial feminista española Torremozas.

De la estepa a Nueva York despliega su hacer poblado de riquísimas imágenes Antonieta Villamil.  Muy al modo de esta postmodernidad que detiene la imagen, construye la foto e hibridiza los tratamientos, entre la elegía y la oda, entre el testimonio y la crónica, los espacios de Villamil se regodean en el juego de la metáfora y en la mezcla discursiva. Sin sujeto apenas, puro paisaje, la poesía de Villamil pinta la palabra, hace de la escritura cuadro, pintura, foro. Podríamos preguntarnos, entonces, qué es lo que mira, dónde se detiene y cómo articula y construye la imagen evocadora la poeta colombiana, porque la estepa es la estepa de la memoria que realiza su trabajo de envoltorio: “¿Desde dónde memoria, desde dónde remontas? El ileso peso de mano famélica te deletrea, te despalabra. La robustez de la mediocridad deja su celulitis en tu memoria” (234).1 En contraposición, Nueva York se erige en espacio para abrigar tanto el silencio como el sonido, como si fuera una dama herida: “No en tus oídos, en tu sangre se tañe el mismo bullicio que se arrebata en turbulenta sordera. Se dibuja un silencio en espera” (235). En este poema la ciudad es la mujer, porque no hay seres que la recorran, el cuerpo se erige en una sucesión de poderosas imágenes. Llamativa resulta en este recorte poético la alternancia de breves poemas–a la manera del haiku y del tanka–con textos en prosa poética.  De este tejido que organizan las líneas de fuga de este conjunto de poetas y poemas surge la noción de identidad junto a las de frontera y de lengua. 

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