9/11/2012

ENSAYO: TESTIMONIO DE ANTONIETA VILLAMIL en SPEAKING DESDE LAS HERIDAS, Antología de la editora Claire Joysmith.



Once Poemas a Principios del 2001
Visión testimonial de cosas por pasar y cómo
en vértigo una herida se desangra por otra

Lo que les voy a contar tiene que ver con un sueño que tuve en 1998 (tres años antes del 11 de Septiembre de 2001), con un viaje y un libro de once poemas que terminé de escribir y revisar en enero del 2001. En ese libro quedó plasmada una visión de cosas por pasar y tiene para mí una profunda resonancia testimonial, porque los poemas fueron inspirados a raíz de aquel viaje a Nueva York. Uno en particular fue escrito en una plazoleta que había entre las torres gemelas. En junio de 2001, “Acantilados del Sueño” fue declarado ganador por unanimidad, Premio de Poesía Gastón Baquero en España.
De entre la babelería de mi archivo personal, salió una nota de prensa sobre un viaje que realicé en 1998 al IV Encuentro de Escritores Colombianos en Nueva York. Esta anécdota se une a otra: A los siete años de estar en Los Estados Unidos, en 1990, perdí a mi hermano Pedro Villamil por desaparición en Colombia.  Sencillamente un día salió que ya volvía y nunca más ni un rastro.
Antes de mi viaje a Nueva York, hablé por teléfono con Alicia, mi madre para contarle sobre un sueño que tuve días antes, en el que mi hermano desaparecido Pedro me pide: Toñita, me dijo, cuando vayas a Nueva York, ve a las torres gemelas y toma una fotografía que muestre cómo se ve el mundo desde tan alto. Le prometí a Pedro aquella foto. (Yo hablo con Pedro en sueños y conservo su memoria en mis poemas. Mi madre todavía lo espera porque Pedro no tenía razón para irse y sobre todo porque ese día que era 29 de diciembre de 1990, dijo que al rato volvía y no ha vuelto.) ¿Te acuerdas mamá? Era octubre, mi primer viaje a New York, llevaba mi primer libro publicado por Trilce en Bogotá y la promesa que le hice a mi hermano Pedro en el sueño.
Caminamos al atardecer por la espléndida ribera del río Hudson, por aquel parque empedrado y lleno de árboles y después de cruzar una ancha calle, llegamos a las torres gemelas.  Éramos cinco o seis. Recuerdo que estaba el escritor Julio Olaciregui, ¿quién más estaba?… Julio, sé que vives en París ojala no entre húmeros, días jueves y aguaceros…(como nuestro negro heraldo César); estaba la investigadora literaria Pamela Flores, los escritores y poetas Medardo Arias Satizábal, Arturo Salcedo Martínez y Manuel Cortés Castañeda.
Ahora recuerdo y siento aquel vértigo. El vértigo de las cosas por pasar. El mismo vértigo que sentí a las once de la mañana el once de septiembre de 2001 al ver la pantalla del televisor. El vértigo de las torres callando para siempre. Cayendo en vértigo sobre mis rodillas al ver caer la gente. El vértigo de aquella visión, Pedro hermano mío, así se ve el mundo desde las torres cayendo. Hoy once de septiembre de 2001 te cumplo la promesa de una imagen que muestra cómo se ve el mundo desde las torres gemelas. Es la misma imagen que en 1998 te describí (sin saberlo) en aquel poema.
Ahora siento aquel vértigo. Recuerdo estar entrando a las torres por esa serie de puertas de cristal altísimas y aquellos laberínticos retenes con guardias de seguridad como en los aeropuertos. Traspasamos los portales inmensos y nos dirigimos hacia los elevadores. Yo no me sentía bien porque estaba trasnochada. Sufrí una especie de vértigo adentro de un vértigo. Vértigo antes de entrar a las torres cuando mire hacia arriba. Vértigo de toda la gemela altura viniéndose encima. Viniéndose encima aquella altura gris en vértigo de oscuridad pesada. Yo salí del edificio casi corriendo porque me sentí asfixiada y caminé hacia la izquierda y luego hice otra izquierda donde se entraba a una plaza interior entre las dos torres, con altas jardineras, recuerdo especialmente los colgantes geranios rojos y las inmensas esculturas que parecían carbonizadas de lo oscuras de Augusto Rodin.
Recuerdo una de una mujer agachada y triste. Allí dejé caer las líneas de un poema que más tarde titulé Imagen de Nueva York y expresa lo que vi y sentí en ese instante de vértigo en el que uno no alcanza a imaginar la dimensión de las cosas por pasar, hasta que sencillamente ocurrió lo que ocurrió el once de septiembre de 2001. Estuve en aquel patio entre las torres gemelas sólo unos minutos, luego llegaron los escritores decepcionados de no haber podido subir a las torres porque resulta que habíamos llegado muy sobre el tiempo y ya habían cerrado acceso a los elevadores. Recuerdo que alguien comentó:  —¡Y quién quiere subir a lo que representa el trono del imperio capitalista!— Y nos fuimos. Recuerdo también el vértigo oscuro de la bocanada de los túneles del metro entrando con toda su oscura velocidad en mí. En medio del vértigo del metro escribí unas líneas más.
De regreso a Los Ángeles llamé a mamá y le conté lo sucedido, que salí corriendo espantada porque me había dado vértigo, que sentí que el mundo se me venía encima y que en lugar de foto había escrito Imagen de Nueva York y le describí el lugar diciéndole que la visión del sueño americano desde unas torres tan altas e inalcanzables es una pesadilla, como la de unos acantilados hondísimos y al revés, como quien está en un mar calmado y de repente los acantilados de esas torres se vuelcan sobre ti. De lo que hablamos apunté la imagen que se me ocurrió de Acantilados del sueño y a principios del 2001 y de un sólo respiro escribí el poema Acantilados del sueño. El libro contiene once poemas y no precisamente por un esfuerzo de numerología, puro azar y porque son once los poemas que nacieron de aquel viaje a Nueva York en 1998 y después de vértigo y más vértigo fueron los que consideré para el libro que envié a Madrid a principios del 2001. En junio de 2001 llegó la noticia del premio al libro y de que sería publicado en 2002.
Cuando cayeron las torres el once de septiembre de 2001, nos quedamos atarantados y mudos. Recobramos el grito en 2003 cuando este animal le declaró la guerra a Irak. Yo me fui a las calles a organizar y a marchar contra la guerra. Organice un maratón de poesía contra la guerra y la violencia. Envié poemas a poetsagainstthewar.org del poeta Sam Hammil. Meses más tarde Rick King y Andrew Himes documentaron el movimiento de los poetas en contra de la guerra en Irak en la película “Voces en Tiempo de Guerra” / “Voices In Wartime”. Ver:
http://www.youtube.com/watch?v=8sxkI9Ix5as.
Menciono este hecho porque pienso que está en nuestra conciencia colectiva unido a la caída de las torres gemelas, el subsecuente estatuto de seguridad, el blindaje de las fronteras y la cacería de brujas que se le declaró a personas del medio oriente y a los inmigrantes (en el caso de los inmigrantes que vienen en su mayoría de Latinoamérica a recoger las cosechas), la persecución es igual a la de un estúpido gigante al que se le descuelga el cerebro al estilo de los órganos colgantes de Dalí.
La persecución ejecutada por un gigante retardado que en su taradez se le infla tanto la descerebral imbecilidad que tira a cortarse los brazos y las manos que lo alimentan. Las manos y los brazos de los inmigrantes de México y Latinoamérica que vienen a trabajar los campos que alimentan a todos estos imbéciles para que tengan el aliento que se necesita para perseguir y cortar sus propios brazos y sus piernas hasta secarse las vísceras. Si, “Strawberry fields forever” y bien rojas y rechonchas las fresas para los fresitas. Rojas y rechonchas las fresas y los tomates con la sangre de quienes ponen en su boca y tan barato el alimento. Y yo aquí con esta rabia sintiéndome tan judas en medio de la pesadilla del sueño americano y con esta impotencia. Con este vértigo pegado a la garganta grito NO. NO con toda la fuerza con la que puedo gritar NO a esta guerra inmunda.
El clima de impunidad e injusticia es tan grueso que hasta la madre tierra se derrite por los polos. Para que quiero carro si ahora puedo llegar volando a dónde quiera por la internet. Para qué quiero esta gasolina que huele a sangre de mis hermanos de la raza humana. Tan por el petróleo es esta guerra y tan sucia, y este gigante imbécil escupiendo para arriba y más alto y nosotros con este vértigo de un NO rotundo y al unísono, tan impotentes, tan sin voz, esperando a que nos caiga toda su petrolífera baba encima.  Y este maldito vértigo de estar cayendo, sin manos, sin piernas, el corazón un hueco en vértigo y con el hambre de este gigante raza de hienas con sus enanos carnedecañón tan suicidas y tan antropófagos y viendo cómo siguen las argucias fascistas de este animal, para continuar cayendo en vértigo en la maquiavélica institución de la guerra.


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