2/14/2013

POEMAS DE ACANTILADOS DEL SUEÑO: Derechos de Autor/Copyright © 2000 Antonieta Villamil




ODA AL PASTO
a Walt Whitman

Copyright © 2000 Antonieta Villamil

Esta es la zaga del pasto
Aire verde de horizontes internos
claro de luz en oscuros troncos
hongo de esporas que caducan erguidas
entre la espesa cabellera de una indómita tierra

Cubre este cráneo nutriente
esponja que absorbe la savia y se peina
al viento cierne
al agua invade

Hojas de pasto que plantadas crecen
velocidad de campos extensiones
que te acercan a las raíces que te
ancestran Los dedos te rozan oh pasto
alimento de sí mismo
lecho de un Orfeo sonámbulo.

ACANTILADOS DEL SUEÑO
Copyright © 2000 Antonieta Villamil

Cuando la negra estepa se derrama
con su luna y su flagrante indicio
de luciérnagas lejanas sueña
contorsionados pájaros bajo sus párpados
le blanquean el ojo y tiemblan
las membranas del sueño bajo fugaces pestañas
sacan de su quicio
de huesos a un alma
que exhausta se fuga
entre los astros del cuerpo

Toda la masa del día regenera su paso
amanece y se abre el ojo con su luz
que ha trasegado los acantilados del sueño

Pasa la fugaz película de parajes enroblecidos
con un buril que destella rostros voces
en los siniestros resplandores de lo soñado
cuando la negra estepa se derrama
con su lunática mantarraya
y su escamoso indicio de peces ahogados
en los extraños manantiales de aire
en que se mece el sueño
cuando la negra estepa se derrama.

VOLÁTIL Y EFÍMERA
Copyright © 2000 Antonieta Villamil

De la encantadora y rugosa resonancia de sus
manos se desata esta música mujer vorágine en
alargado sueño El alargado talle de su música
se acaricia en tendones de metal cristalizado

Cómo revienta resuellos de viento agudo
esa flauta de tiempo que lame con voluptuosidad
sus labios Cueva de huracanes en su lengua
temblor de cuerdas bajo sus huellas digitales

Sentir así su música es vivirla
en las ajenas vidas de un gato

Volando tendón tensionado en las alas
de un águila      Sentir así su música es probar
los zapatos de quien se levanta temprano

Es recobrar el sudor de quien maniobra
un clarinete hecho de ínfimas notas hasta
perder la razón      Es medirse el delantal
estrellado del atardecer o cargar con la misma
desazón la maleta llena de papeles inocuos

De la desencantadora y rugosa resonancia
de tus manos vida se desata esta música y bajo
el hechizo de tus notas disonantes soy
volátil hombre de papel me bebo la lluvia y me reciclo

Soy el envoltorio sin brillo para cualquier
soledad Pierdo toda noción y me entrego
a la masa de tus días rutinarios y humanos.

FLOR DE ASFALTO
Derechos de Autor/Copyright © 2000 Antonieta Villamil

Desde la dura trajinada estepa
de la memoria por no idealizarla
con los flagrantes visos del desierto
viene encumbrando membranosa
con su ojeroso insomnio de lagarto

Perdida y absorta en las evaporaciones
que toman su nombre desde las ingrávidas
llanuras hasta los torrentes de palabras
en sus más altas y alegóricas alturas

Que si redunda esta memoria
se compagina con los silencios pétreos
y sus miradas de soslayo Dura más
que piedra momificadora de huellas

¿Desde dónde memoria
desde dónde remontas?

El ileso peso de mano famélica
te deletrea te despalabra

La robustez de la mediocridad
deja su celulitis en tu memoria Aterrada
te asomas con la frágil manera de morir

m
e
m
o
r
i
a

lúcida flor de asfalto.

IMAGEN DE NUEVA YORK
escrito en las torres gemelas, Nueva York octubre 24 de 1998
Derechos de Autor/Copyright © 2000 Antonieta Villamil

Agujas de agua zurcen
en el aire un manto vertical
el horizonte extiende abrigo
de puñales húmedos que electrizados
se desmayan y lavan en su paracaidismo
todo grito      silbato augurando chillido 
de frenos y ahogadas sirenas reflejan rojo jazz
de extenuado espejismo contra el mojado
precipicio del Hudson

Ingrávidos árboles
gotean clorofila
de asbestos rutinarios

agujas de agua inoculan humedad de ladrillo
en el aire bordan en las hojas un contenido
alarido de regocijo      en punto de cruz
se asoman desde este cielorraso de techos
las calles en cada esquina


y en el horizonte gris el rumbo del solitario
aletear de un Orfeo alucinado
entreteje el sueño que ha perdido su nido
en las erosiones de esta estepa de vidrio

En ecos de pared contra ventana
las voces se desconciertan
se lanzan en desbandada por los rayos de hierro
en forma de letra zeta
de las escalinatas incendiarias

La sirena intermitente en su canto
se atropella enrojecida contra muros y edificios
calibra el turno de la muerte sobre el Hudson

En gusaneo socava el sueño
interminablemente enladrillado estruendo
la lombriz antropófaga del tren en el subsuelo

No en tus oídos en tu sangre se tañe el mismo
bullicio que se arrebata en turbulenta sordera

Se dibuja un silencio en espera
un silencio delinea tu tímpano
en lento
g
o
t
e
o

Un silencio que encuentra nudo de garganta
en esta grandiosa mole en la que el mutismo
es un ensordecedor concierto de toda voz
de toda soledad de todo rostro absorto
atrapado en el reflejo de las luces
que se desmanchan en el Hudson

el silencio es un abismo de oreja
que se tapona contra el índice de un dedo

Este silencio arrebata      Cercena este silencio
Incendiario en la potencia de tu alarido
se apacienta con su lengua
y lame lo mismo la garganta que el grito

Este silencio que refleja en el río una ciudad
en precipicio de luces       Este silencio
en la añoranza de una vaca mecánica
rumia el pasto
de los días en la culebra
que baila azul de orilla
en las melenas del Hudson.

DESPUÉS DEL CINE
Derechos de Autor / Copyright © 2000 Antonieta Villamil

Estimulas tu herida de horas hasta su histeria
de soda o juegas a su ronda de espera
embalsamada en palomas de maíz
Te ríes de sus estúpidos chistes a la hora exacta
y por la orilla de su desgano su tiburón abre
fauces por las que escurre tu víscera sonrisa
visceral ausencia

Podrías huir de su abismo
pero te absorben sus imágenes bien
manipuladas cálidamente congeladas
representando la no presencia

Pasan sus dos horas y en estampida
te arrojas afuera a desiertas millas por hora
Las luces en tus ojos aún encienden la ciudad
nocturna y en leves melodías de jazz
te masajean la mirada

El duende fugado de la música
es la única certeza presenciando
a m a n e c e r.


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